Que estás en los cielos, santísima salchichi. Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, así en el cielo como en la tierra. Tu carne sabrosa nos darás de comer, perdónanos nuestros créditos, así como nosotros perdonamos a los cobradores, y no nos dejes caer en el herbivorismo y líbranos del vegano maligno. En el nombre de la salchicha y del queso y de la oreja de cerdo.