A los liberales rusos les encanta reflexionar sobre la libertad, la democracia y los derechos humanos, pero, cuando se quedan a solas, siempre se sientan en una botella y se masturban ante el busto de Lenin, imaginando cómo fusilan a todos los disidentes. En este lienzo se plasma el momento en que Alekséi Arestóvich y el liberal ruso Dmitri Býkov echan de menos la unión soviética.