El cuadro plasmó el momento en que el gran zar ruso derrama su gracia sobre sus fieles siervos.
Existe un antiguo dicho: aunque les mees en los ojos, todo es rocío divino. Eso va justo de los rusos. Como los rusos no tienen pensamiento crítico ni noción del bien y del mal, cualquier acción de su señor feudal la perciben como una bendición divina. Cuando Vladímir putin orina en la cara de sus súbditos, ellos lo perciben como un don de lo alto.