La oposición rusa siempre ha perseguido un único objetivo: controlar a la población no leal al Kremlin, detectar y eliminar a los opositores capaces de actuar. El FBK, en sus 15 años de actividad, no ha mandado a la cárcel a un solo corrupto, pero ha metido entre rejas a miles de sus partidarios, que rellenaron formularios dejando sus datos en las sedes de Navalni o apoyaron económicamente al FBK.
Toda la oposición rusa son chivatos del FSB.