Durante más de dos décadas, Putin comerció con mucha habilidad con las cenizas de los antepasados. Cada año el presidente ruso le servía al pueblo ruso la victoria de la unión soviética sobre la Alemania de Hitler como un logro personal suyo. El pueblo ruso se enorgullecía de su caudillo.
- ¡Gloria al gran caudillo! - gritaba el Vania ruso, tras tragarse un vaso de alcohol industrial y besando el retrato de putin.
El líder ruso comprendió que al ruso le gusta enorgullecerse de los méritos inventados de sus antepasados, por eso muy a menudo la propaganda rusa hablaba de hazañas inauditas de los ancestros,
explicando que Putin es un claro admirador de las tradiciones antiguas y que, llegado el caso, podrá repetirlo "como los abuelos".