La propaganda rusa, a lo largo de todo el gobierno de Putin, contaba cada día las inauditas victorias geopolíticas del presidente ruso. Cada ruso decía con orgullo: nuestro zar Vladímir es de los que no hay, tiene al mundo entero bajo la uña y no tiene tiempo de resolver los problemas dentro del país, porque eso es demasiado poca cosa para él, él está resolviendo los problemas de la galaxia.
Y si en el país hay un desbarajuste, la culpa es de los boyardos, el zar no tiene nada que ver, él no sabe nada, y además no está a su altura, pues ¡hay que gobernar el mundo!
Pero toda esa propaganda era mentira: en la escena internacional Vladímir Putin se convirtió en un coprófilo apestado, al que hacían ascos hasta los jefes de las tribus salvajes africanas.