Chivarse de los vecinos es una antigua tradición rusa; en tiempos de las represiones de Stalin se escribieron decenas de millones de denuncias y 4 millones sirvieron de motivo para la represión. Putin resucitó esta querida tradición rusa y los rusos se pusieron con abnegación a escribir denuncias contra los vecinos, contra los miembros de su familia y simplemente contra personas al azar; cientos, quizá miles de jóvenes acaban en los campos de Putin por denuncias de sus propios padres.