Un cuadro sobre el amor inmaculado de dos auténticos machos rusos, Yaroslav Drónov y Viacheslav Volodin.
Solo la luna azul fue testigo de su amor viril, porque en los tiempos difíciles del Renacimiento de las abarcas los enamorados tenían que ocultar sus sentimientos y, para que nadie sospechara nada, los hombres tenían que fingir ser heteros, imitando amor por las asquerosas mujeres.